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10/5/11

V Certamen de Relatos Breves de Renfe

Ya se han publicado en la web de Renfe los relatos ganadores de la quinta edición de este certamen, así como la relación de finalistas.

Primer Premio

Autor : Clara Isabel Martínez Cantón

Tíitulo : Desde la ventanilla

Elhombrequenuncahabíallorado montó en el tren de vuelta a casa. Nunca había llorado de alegría, de dolor, ni de emoción. Ni siquiera para reírse muy fuerte. No era motivo de orgullo.Ese día, en el tren, Elhombrequenuncahabíallorado vio una imagen bellísima. La nieve cubría llanura, montañas…; de cada árbol y arbusto colgaban lágrimas blancas. Elhombrequenuncahabíallorado sintió cómo se revolvían sus tripas y subía a sus ojos el agua.Justo cuando la primera gota se disponía a superar la barrera del párpado el tren llegó a su destino.Lástima que los trenes de hoy sean tan rápidos.


Segundo Premio

Autor : Francisco Molina

Título : La corbata

No llevé de equipaje más que una hermosa corbata de seda que me regaló mi padre y una auténtica obsesión por doblegar al mundo. El infernal traqueteo de la destartalada cafetera en la que viajaba, era para mi osada juventud una simple y dulce canción de cuna. Al despertar, pronto advertí lo errado de mis cálculos en cuanto a la fortaleza del mundo. Vuelvo a casa cuarenta años después, acompañado por los ruidos de mi cuerpo maltrecho, en un elegante, veloz y silencioso tren que no me deja conciliar el sueño, acariciando la corbata que nunca estrené.


Tercer Premio

Autor : Marina Aoiz Monreal

Título : Trayecto erótico

En el túnel de tu boca sabor a cerezas. Entro en el traqueteo de la escritura mientras tu mano en brasas recorre los raíles de mi espalda. La tarde, madreselva desmelenada entre las piernas, deja atrás río y follaje. El polen de cristal y los dardos del enebro buscan recovecos de luz en la cintura. Palpitantes tus dedos, descerrajan los botones de nácar ahora que una voz anuncia la llegada.



Mi enhorabuena a los tres premiados, en especial a Clara Isabel por haber sido la ganadora. Aunque sinceramente, su relato no me dice demasiado, y no me gustan las trampillas que ha hecho, juntando varias palabras en una para no sobrepasar el límite que indicaban las bases del concurso.

Si entráis a leer y alguno os llama la atención, queréis que hagamos una mención especial de alguno en el blog, ponéos en contacto. Es probable que la gente no se pare a leer todos los finalistas, y seguro que hay algún relato en el que merece más la pena detenerse unos minutos.

8/5/09

Mamá Pata

Mamá Pata es la mamá de todos los patitos del mundo. Su rostro siempre la precede, a causa de la inclinación hacia delante de su torso. Mamá Pata va siempre con sus gafas metálicas algo caídas sobre la nariz, siempre con cara de ir con prisa a todas partes.

Su culo de pato, prácticamente idéntico al de un pollo, va siempre bien sacado hacia afuera, mostrando al mundo su redondez y su enormidad. Del culo cuelgan un par de patitas finas y rectas que llegan hasta el suelo.

Sus andares son patosos, como no podía ser de otra manera en Mamá Pata. Al avanzar, sus pies forman un ángulo cercano al recto, tal vez incluso mayor. Y hace mucho, muchísimo ruido: a cada paso clava con fuerza los tacones que calza bajo sus pies planos, provocando un sonsonete de lo más desagradable.

La gente la mira al pasar, molesta por el escándalo que va formando. Y ella les responde sacando un poquito más su culo de pollo, inclinando un poquito más su torso, rozando lo grotesco, mostrando una pose orgullosa al pensar que todos la miran por sus recién operados pechos. Pero yo sé que no es así, y ahora tú también lo sabes. Lo importante es que no se entere Mamá Pata.

6/5/09

Concurso de relatos sobre vino


Nuestros amigos de Aprende a catar vino se han embarcado en un interesante concurso de relatos cortos. Como no podía ser de otra manera, el vino juega un papel muy especial en todo esto, ya que todos los relatos están relacionados de alguna manera con él.

Los ganadores del concurso se llevarán como premio una botella de vino, una visita a una bodega, una visita al museo del vino... y también una estancia de 2 días en la Casa Rural y de Enoturismo "Balcones de Oleana", que es la que se está promocionando a su vez con este concurso.

Podéis leeros todos los relatos y votar por vuestro favorito, por supuesto, pero yo os recomiendo encarecidamente que leais primero el relato 14, titulado Daniel, y que si os gusta lo votéis directamente y os olvidéis del resto ;)

Por cierto, acordaros de votarlo en los 2 blogs:

5/11/08

Mi amiga Mara


Mara se dio a conocer este verano, en el blog de mi amiga la Hormiga. Desde entonces muchos hemos sido testigos fieles de sus andanzas. ¡Y no sólo eso! Gracias a la iniciativa de la autora, también hemos podido ayudar a dar forma a sus aventuras, aportando palabras que luego ella incorporaba en el capítulo siguiente.

Aquí os dejo un índice con los capítulos escritos hasta la fecha, os recomiendo encarecidamente su lectura. Venga, animáos... ¡Que si no os gusta os devolvemos el dinero!
  1. La llamada
  2. Encuentros
  3. La fiesta
  4. Suspiros
  5. Reencuentros

Vamos, vamos, vamos... ¡No me digáis que no está emocionante! No quiero adelantar nada de lo que pasará en próximos capítulos. Pero aunque quisiera tampoco podría, porque la muy perri lo lleva todo en secreto.

Os animo a todos a que leáis la historia y comentéis qué os parece. Y a ti Di, te animo a que sigas escribiendo esta y otras historias. ¡No conozco ninguna hormiga que escriba tan bien como tú! ¡Sigue así pequeña!

20/2/08

Situación cotidiana en el Metro de Madrid (vuela)

El metro, que normalmente viene cada 3 minutos, está tardando más de la cuenta. Nos encontramos en una estación de las más concurridas. Esta es la única línea que va al aeropuerto. Por fortuna es una de las cabeceras de la línea, por lo que al menos los vagones vienen totalmente vacíos.

A juzgar por el número de gente que se agolpa en el andén han debido pasar como quince minutos desde que pasó el anterior. Yo llevo ya diez minutos esperando cuando asoma el metro. Se para en la vía de enfrente y deja que todos los viajeros bajen. Sigue su camino para hacer el cambio de vías dentro del túnel y pronto vuelve a salir.

En lo que tarda en detenerse la gente ya se ha agolpado al borde del andén. La masa humana, que antes andaba desparramada se ha comprimido a la espera de que se abran las puertas. Se abren y empieza la estampida. Si eres uno de los afortunados de la primera fila puede apretar un poco el paso y coger asiento, pero si no lo eres estás perdido, no puedes hacer otra cosa que dejarte llevar por la marea hasta dentro del vagón.

Y siempre hay algún listo que quiere desafiar las leyes de la física y pretende pasar de estar detrás de ti a estar delante atravesándote, o algo así... Yo hoy he tenido suerte, y me consigo sentar.

La gente sigue subiendo a los vagones, y no están ni medio llenos cuando comienza a sonar el pitido que indica que las puertas se van a cerrar y que ya no se puede subir ni bajar. Nace un murmullo, que va tomando tomando cuerpo hasta convertirse en voces de protesta.

-Menudo cabrón...
-Media hora esperando y ahora con prisas...
-Esto es la hostia...

La voz de un señor de mediana edad que está de pie cerca de mí sobresale en mis oidos sobre todas las demás.

-Hiiiiiijo de puta. Habría que colgarle de las pelotas y era poco. Será hijo de la gran ppputa.

Y al decir esto último se le llenaba la boca.

Un poco más allá, entre el tumulto, comienza una discusión entre dos personas. Desde mi asiento no consigo ver nada. Por las voces sé que se trata de dos varones, yo diría que jóvenes ambos. Uno tenía la voz de chulo. El otro de chulo y además macarra. De ahí no podía salir nada bueno...

De los insultos pasaron a las amenazas. La gente alrededor ya empezaba a desconectar de la discusión porque se había convertido en un toma y daca de palabras vacías que no iban a desembocar en nada. Mientras tanto, el señor de mi lado seguía llenándose la boca con su retahila.

-Hiiiiiijo de ppputa.

De pronto se hizo el silencio en la pareja que discutía, y ocurrió algo que volvió a despertar el interés del pasaje.

-¿A quién estás llamando hijoputa, hijoputa?
-A ver qué dice el mindundi éste... ¡Hijoputa!

Como por arte de magia, el chulo y el chulo macarra olvidaron sus diferencias y unieron sus fuerzas contra el señor que maldecía incesantemente. Lo que parecía que iba a ser un viaje lleno de palabrería se vio finalmente impregnado por la sangre de un inocente.

7/1/08

Criterios opuestos: la chica guay


Esta es la historia de una chica normal a la que conocí una vez. Según me comentó, ella siempre se había considerado poquita cosa pero a mí me pareció una chica normal. De hecho, según la fui conociendo mejor, me pareció que era una chica guay. Pero ella se seguía considerando poquita cosa.

Ahí fue cuando me di cuenta de que teníamos criterios diferentes, más bien criterios opuestos.

Cierto día, ella empezó a hacer cosas para ser guay. Cuantas más cosas hacía para ser guay y más iba dejando de ser normal, a mí me iba pareciendo más poquita cosa.

Imagino que lo habrá conseguido, y que ahora ella será muy feliz, porque hace tiempo que ella empezó a parecerme muy poquita cosa, incluso nada y luego menos que nada. Lo cual quiere decir, según nuestros criterios opuestos que ella debe ser ahora una chica guay, incluso más que guay.

Me alegro por ella.

17/12/07

Dilema


Hoy he salido bastante tarde del trabajo. Me esperaba un lunes tranquilo, y lo estaba siendo... pero a última hora se ha complicado, para variar. Cerca de mi hora de salir mi jefa me ha venido con un marrón que tenía que estar solucionado para hoy mismo. Estas son las cosas que me joden... si es tan urgente, ¿no me lo han podido decir antes? El caso es que lo he terminado bastante tarde...

Al menos, cuando he cogido el tren, ya había pasado la hora punta y me he podido sentar y relajar un rato. Algo bueno tenía que tener...

Al cabo de unas pocas paradas, el tren se ha ido vaciando aún más, hasta el punto de quedar tan solo dos personas en el vagón: un moro de mediana edad y yo. Se ha levantado de donde estaba y ha empezado a leer el cartel de las paradas. Parecía no tener muy claro el asunto, y se ha acercado a mí preguntando algo. No he sido capaz de entenderle a la primera... Se ha sentado junto a mí y ha sacado de su macuto un plano de tren. Me ha vuelto a preguntar en su lengua, pero he seguido sin poder entenderle. El moro ha vuelto a meter la mano en su macuto para sacar algo.

Esta vez ha sacado una pulsera metálica, que con un ágil movimiento ha colocado sobre mi muñeca, y con un golpe, ha quedado firmemente cerrada en torno a ella. No me había dado tiempo ni a asustarme cuando me ha dicho, esta vez en un perfecto castellano:
¿Aprecias tu vida?
A continuación, y en el mismo castellano, me ha explicado el mecanismo de dicha pulsera. Al parecer se trataba de un mecanismo detonador. Pulsando el botón rojo, estallaría una bomba situada en algún punto desconocido, y la pulsera se abriría, liberando mi muñeca. Si al cabo de media hora el botón no se había pulsado, sería la pulsera la que estallaría violentamente, llevándose por delante mi brazo, y quién sabe si mi vida. El mismo moro me advirtió que no intentara desprender la pulsera por ningún medio que no fuera pulsar el botón, pues si trataba de forzarse, la pulsera estallaría, al mismo tiempo que hacía estallar la bomba...

En cuanto llegué a mi destino me bajé corriendo del tren, y fui corriendo hasta la comisaría de policía. Pero no llegué a entrar. Me oculté entre unos coches y comencé a barajar mis posibilidades...

¿Qué habríais hecho vosotros en mi situación?

7/11/07

La chica de la carpeta


No estaba siendo un día especialmente bueno para mí. Seguía arrastrando algunos efectos de la gripe que acababa de pasar, la cual acababa de joderme un puente, y un viaje que tenía muchas ganas de hacer.

Había sido un día bastante complicado en el trabajo, mucha tensión con los jefes, muchas prisas, muchos agobios. Me había tocado además asistir después del trabajo al curso de formación que me habían asignado. La clase había sido tan aburrida como siempre, pero por fortuna era la última.

Llegué a la estación de metro acompañado de mi amigo y compañero de curso. Cuando íbamos cruzando por la pasarela que cruza todas las vías, camino de nuestro andén, vi que nuestro tren estaba parado y con las puertas abiertas. Una mirada bastó para comprobar que estábamos de acuerdo en no correr para cogerlo. Seguimos caminando a paso lento.

Sin embargo, cuando llegábamos al andén vimos que el tren seguía parado y con las puertas abiertas, por lo que hubo cambio de planes, y nos dimos una pequeña carrera para llegar a cogerlo... pero justo las puertas se empezaron a cerrar delante de nuestras narices.

Inesperadamente, una chica que estaba dentro del vagón y nos vio acercarnos corriendo al tiempo que las puertas se cerraban, alargó el brazo, metiendo su carpeta entre las puertas que se terminaban de cerrar. Las puertas la atraparon, y el sistema de seguridad hizo que se volvieron a abrir, pero no lo suficiente para que entráramos. Las puertas se volvieron a cerrar, y el metro echó a andar.

Vi en los ojos de aquella chica una NECESIDAD inexplicable de comunicarse con nosotros. Parecía inquieta. Pensaba la manera de no perder el contacto. Sacó su móvil. Lo miró... Finalmente le dio tiempo a hacer dos gestos sencillos antes de que el metro desapareciera por el túnel. "Esperad". "Aquí".

Cuando llegó el siguiente tren a nuestro andén, a la chica aún no le había dado tiempo a dar la vuelta y llegar a la estación. Mi amigo decidió que era una tontería esperar, y se cogió el metro. Yo sentía que no podía irme. No conocía a aquella chica de nada, pero la sola idea de imaginar su cara al llegar, después de haberse dado la vuelta, y no encontrarnos allí... Tenía que quedarme a esperarla.

Al cabo de diez minutos largos la vi llegar en un metro que venía en dirección contraria. Se fue hacia las escaleras que suben a la pasarela, sin ni siquiera mirar si seguíamos allí, con fe ciega. En sus manos sostenía su carpeta...

26/9/07

¿Por qué nunca son las 4?


Muchas veces me despierto en mitad de la noche, sin motivo aparente.

Normalmente, para evitar empezar a dar vueltas en la cama y desvelarme, me levanto y hago una visita fugaz al lavabo para echar una meada rápida y beber un trago de agua.

Vuelvo enseguida a la cama, deslizándome en plancha sobre las sábanas hasta alcanzar la almohada.

Una vez tumbado, alargo el brazo para alcanzar el despertador y mirar qué hora es.
¿Por qué nunca son las 4? ¿Por qué no me despierto cuando aún tengo horas por delante para volver a disfrutar del placentero sueño? Casi siempre me pasan estas cosas quince minutos, o media hora antes de que suene el despertados.

Al menos hoy son las 6, y me queda una horita de sueño...

13/9/07

Detector de fracasados

P: ¿Tú a qué te dedicas?
O: ¿Yo? Soy detector de fracasados.
P: ¿En serio? ¡Yo también!
O: ¿En serio? ¡Qué casualidad!
P: ¿A qué mola?
O: ¿El qué mola?
P: ¡El trabajo!
O: Bueno... La verdad es que es bastante reconfortante.
P: ¡Eso mismo digo yo! Encontrar fracasados, hacerles ver la mierda de vida que llevan, reírse de ellos un rato... darles una paliza y borrarlos del mapa.
O: (mirada incrédula)
P: (mirada de asombro) ¿Por qué me miras así?
O: Yo no les doy palizas... Ni les borro del mapa.
P: Ah, ¿no?
O: No.
P: ¿Y eso?
O: ...
P: ¿No les das palizas?
O: No.
P: ¿Ni te ríes de ellos?
O: Pues no.
P: ¿Entonces?
O: Pues simplemente hablo con ellos... Les hago que piensen, que se hagan preguntas, que se replanteen las cosas... Les hago que cambien.
P: Les haces que piensen... (mirada pensativa)
O: (sonrisa de satisfacción)
P: (mirada incrédula)

31/8/07

Zendir




La primera vez que el mundo supo de la existencia de Zendir fue hace unos cinco años (2002)...

De la mano de su amiga Ladonna empezó a recorrer las tierras de Balzhur, el mundo mágico donde ella vivía.

Al principio caminaba con mucha cautela, y siempre acompañado de ella. Aquél era un mundo totalmente desconocido para él, y además no se sentía cómodo en contacto continuo con la gente. Excepto en el caso de Ladonna, su alma gemela, su amiga, su salvadora.

Poco a poco fue conociendo mejor el mundo de Balzhur y se fue sintiendo más cómodo. Ladonna le ayudó a conseguir un buen equipo con el que desenvolverse (armas, pócimas, utensilios) y le llevó a zonas seguras, en las que Zendir pudo empezar a moverse solo y a coger soltura con las armas, matando a pequeños monstruos casi inofensivos y aprendiendo a beberse su sangre.

Sí, porque Zendir es en parte elfo, como su madre, y en parte vampiro... como su padre. Extraño fue aquel amor, como extraño y singular es su fruto. No se puede decir que Zendir sea un ser malvado, simplemente no puede desobedecer a sus instintos.

Pronto comenzó a manejar sus armas con habilidad, y la lucha con los pequeños monstruos empezó a aburrirle. Abandonó las zonas seguras y fue entonces cuando empezó su verdadera aventura. Combatió con monstruos cada vez más fuertes, al tiempo que iba mejorando sus habilidades y su equipación.

No siempre conocía el terreno que pisaba, y más de una vez se adentró en parajes peligrosos, llevándose algún disgusto y llegando a estar al borde de la muerte en más de una ocasión. Pero siempre podía contar con Ladonna, a la que llamaba por medios telepáticos (vamos, por el messenger xD) y que enseguida acudía en su ayuda, librándole del peligro y devolviéndole a una zona segura.

En su camino Zendir hizo algunos amigos, que también le ayudaron con consejos y nuevo equipo (guantes, talismanes...). Entre éstos amigos se contaba Baltar, un curioso montaraz al que Zendir ayudó en sus comienzos, como Ladonna hizo con él.

Ladonna... su amor secreto, su silenciosa obsesión, su tesoro inalcanzable. Compartieron muchos buenos momentos, muchas aventuras, mucha pasión también, pero Zendir jamás consiguió arrancar un gesto tierno de aquel corazón helado.

En aquel extraño mundo, Zendir incluso encontró un hobby: el trivial. De vez en cuando se celebraban grandes reuniones para jugar a este juego, y se anunciaba mediante carteles en los tablones de la ciudad.

Desde la primera partida demostró sus habilidades, quedando en segundo lugar por detrás del eterno campeón. La segunda partida la ganó él, y a partir de entonces ganó muchas otras, empezando a acumular ciertas riquezas y a ser conocido en todo Balzhur precisamente por ésto. Se convirtió en un asiduo jugador de este juego, al tiempo que empezó a organizar sus propios torneos. Pronto dejó de pelear, de explorar el terreno, de mejorar su equipación: su única obsesión era el trivial.

Un buen día, recibió la visita de una de las Reinas, que le ofreció una enorme suma de dinero a cambio de que la entregara en una serie especial de torneos de trivial. Estamos hablando de unos 10 millones, contando con que la "fortuna" de Zendir no llegaba en esos momentos a los 200.000

Zendir aceptó, pero jamás llegó a repartir ese dinero ni a celebrar más partidas de trivial. Cómo se gastó el dinero, y cómo fueron los últimos días de Zendir en Balzhur forma parte de otra historia...

P.D: Tal vez cuando lleguemos a 100.000 visitas la cuente :P

29/8/07

Con sólo una sonrisa




No deja de sorprenderme cómo se puede conseguir tanto con un acto que implique tan poco esfuerzo. De hecho, lo ideal es que no cueste ningún esfuerzo, y que la sonrisa salga natural, pero por lo general se obtiene el mismo resultado cuando se fuerza.

La sonrisa es contagiosa. Tiene la capacidad de pasar de una persona a otra, y a otra... Y de dejar en su camino un halo invisible de felicidad.

Con una simple sonrisa podemos comunicarnos con los que nos rodean, transmitir sentimientos, emociones... Una sonrisa amiga puede darnos la seguridad que nos hace falta para hacer aquello que no nos atrevíamos. Una sonrisa puede ser la cómplice perfecta de un secreto...

La ausencia o presencia de una sonrisa puede hacer que una misma situación sea totalmente diferente. Una misma frase puede sonar mucho mejor si va acompañada de una sonrisa. ¡Pensadlo!

La sonrisa es gratis. ¡No seas tacaño!

27/7/07

La verdadera historia de Trancos




Hace muchos, muchos años, de la primera vez que me topé con Trancos. El recuerdo de aquellos tiempos queda ya borroso en mi memoria, sin embargo todo lo que atañe a Trancos sigue fresco, nítido, como si no hubiera pasado el tiempo.

Si tuviera que elegir un rasgo identificativo de Trancos, me decantaría sin duda por su sonrisa. Perenne en sus labios, Trancos sonreía a todas horas, en cualquier situación. Ajeno (aparentemente) a los problemas del mundo y de la vida cotidiana.

Pero la sonrisa no se puede desligar nunca de la otra gran característica que lo define: caminar siempre a grandes zancadas, circuntanscia que le valió su apodo. Esto, unido a la eterna sonrisa, daba una sensación de querer comerse el mundo de seguridad en sí mismo, de optimismo, de gratitud a la vida.

Han pasado muchos años, y nunca he encontrado nadie como Trancos, ni siquiera nadie parecido. A cada vuelta de esquina me he topado con pesimismo, con gente que hace un mundo de un grano de arena... Estamos rodeados de gente que piensa que sus problemas son los más graves del universo y no son capaces de mirar más allá de sus narices. Se ahogan en un vaso de agua, y todo porque nunca han tenido un problema real, como pueda ser no tener nada que llevarse a la boca durante días.

Y sin embargo Trancos podría darnos lecciones maestras sobre lo que son los problemas reales, y sobre como se puede salir adelante sin perder la sonrisa.

Hasta siempre Trancos. No te olvidaré jamás.

22/6/07

Certificados de Seguridad




Hace poco me estuvieron explicando, en un curso de Seguridad Informática, cierto aspecto de las comunicaciones entre sistemas informáticos: los certificados de seguridad. A mi mente inquieta enseguida le dio por pensar... (qué raro, ¿no?)

A continuación voy a hacer una introducción del tema, sin pretensiones, sin tecnicismos, y seguramente cometiendo algunos errores. Frikis, tocapelotas y frikis-tocapelotas, absteneos. Esto va sobretodo por It0, Flop, Gux y Paifuu (os odio a muerte).

Allá voy... Básicamente, cuando se produce el primer contacto entre dos sistemas desconocidos, cada uno de ellos se "presenta" al otro, por medio de un certificado de seguridad. Estos certificados van "firmados" (os suena lo de la firma digital, ¿no?).

Al recibir uno de estos certificados, nuestro sistema lo almacena junto a los otros y comprueba si pertenece a nuestra lista de certificados de confianza. Si es así, se da por hecho que el otro sistema es fiable y se establece la comunicación con el otro sistema. Sin embargo, si el certificado no se encuentra en nuestra lista, nuestro ordenador (que no es listo, aunque a veces lo parezca) nos informará, y nos preguntará si queremos confiar en este nuevo certificado.

Además de este sistema simple de confianza por decisión del usuario, se pueden dar una serie de circunstancias que nos ayuden a decantar la balanza (confiar/no confiar). Por ejemplo, ante la recepción de un nuevo certificado se puede consultar cuántos de los sistemas en los que nosotros confiamos tienen ese certificado en su lista segura, cuántos lo tienen en su lista negra y cuántos lo desconocen. Y en función de esos datos, el usuario puede decidir manualmente si confía o no confía, o bien programar el sistema para actúe automáticamente según los criterios que le marquemos, asignándole un umbral de confianza.

Y bueno, más o menos aquí es donde quería yo llegar... Si llevamos todo este tinglao al terreno de las relaciones personales, creo que todo funciona de un modo parecido.

Cada persona, cuando conoce gente nueva, decide de algún modo (consciente o inconscientemente) si la otra persona le inspira o no confianza, y ciertos factores externos influyen a la toma de la decisión (por ejemplo, estamos predispuestos positivamente hacia los amigos de nuestros amigos y negativamente hacia los enemigos de nuestros amigos).

Cada uno tenemos, también, cierto umbral de confianza. Hay quien, por defecto, tiende a confiar en todo el mundo, y quien por el contrario no confía en nadie de primeras, y hay que ir ganando su confianza poco a poco. También hay quien se abre mucho a los amigos de sus amigos (una especie de confianza transitiva, si A confía en B y B confía en C, se puede decir que A confía en el arroz con colacao) y quien no da a esto ninguna importancia, y trata a los amigos de los amigos como desconocidos que empiezan de cero.

¿Vosotros qué tipo de persona sois? ¿A qué altura tenéis vuestro umbral de confianza? ¿Por encima del ombligo? ¿Por los tobillos? ¿Qué importancia dais vosotros a la opinión de vuestros amigos a la hora de valorar a una persona que acabáis de conocer? Y ahondando un poco más, ¿Qué tal funciona vuestra intuición? ¿Soléis acertar con la primera impresión que os formáis de una persona?

4/5/07

El árbol de la Amistad


Estaba yo el otro día pensando en todo y en nada, cuando me invadió un sentimiento muy raro. Era algo que no había sentido nunca, o al menos, algo que no había sentido desde hacía mucho tiempo.

Hace unos meses, en una fiesta que di (ahora mismo el motivo es lo de menos), nos juntamos un montón de gente. Entre mis invitados había gente de distintos grupos (amigos de toda la vida, amigos del equipo de fútbol, amigos de la universidad, amigos del trabajo...) y muchos de ellos no se conocían.

La fiesta fue todo un éxito. Había buena música, bebida, comida, juegos, y todo el mundo se lo pasó de maravilla.

La gente de los distintos grupos se entremezcló, incluso aquellos que no se conocían de nada, y a lo largo de la noche la gente fue cogiendo más confianza.

Gracias a la fiesta, nacieron nuevos lazos de amistad entre gente que ni se conocía. Incluso entre algunos de los asistentes pareció nacer algo más que amistad...

Yo estaba muy contento por el éxito de mi fiesta, todo el mundo me dio la enhorabuena y aquella noche me fui a dormir más feliz que una lombriz.

A lo largo de las semanas siguientes se repitió en varias ocasiones la experiencia de juntar a la gente de distintos grupos, salimos de fiesta, fuimos al cine, a pasar el día al campo...

Llegó el día en el que nadie podría distinguir los grupos originales en el nuevo amasijo. No se apreciaba diferencia entre los que éramos amigos de siempre y los que se habían conocido hace poco.

Llegó el día, incluso, en el que la gente, que se había intercambiado números de teléfono y direcciones de correo electrónico, empezó a hacer planes por su cuenta, y no necesariamente incluyéndome a mí.

Me cabreé, me cabreé mucho. Maldije el día en el que les había presentado. ¡Desgraciados! ¿Así me lo pagáis? ¿Haciendo planes a mis espaldas?

Me encolericé, me cagué en su poca vergüenza, les recriminé que hubieran quedado sin mí, me reí de su traicionero concepto de amistad.

La cagué. Una y mil veces, la cagué. Les acojoné, les hice sentirse mal, simplemente por haber hecho lo que era natural entre los seres humanos: relacionarse con seres semejantes.

Recapacité. ¡No me podía sentar mal que se llevaran bien entre ellos! Se supone que eso exactamente era lo que pretendía al mezclarles... ¿O hubiera preferido que se llevaran mal? No, claro que no...

De hecho, volviendo hacia atrás mentalmente, pasito a pasito, volví a la situación original, justo antes de la fiesta que celebré hace unos meses.

Ahora los grupos volvían a estar separados (amigos de toda la vida, fútbol, universidad, trabajo...).

Eliminé mentalmente a los amigos de mis amigos que había conocido a partir de aquel día que empezamos a mezclarnos todos. Fuera. Quedaban sólo mis amigos, divididos en grupos.

Examiné cada uno de esos grupos.

En el grupo del fútbol, por ejemplo. Me llevo bien con todos, en mayor o menos medida, les considero a todos mis amigos...

Pero volviendo a hacer uso de la regresión mental en el tiempo, hubo un día en el que yo no les conocía. Yo conocía tan solo a uno de ellos, vecino de toda la vida y compañero de colegio, gracias al cual me metí en el equipo y conocí a los demás.

Eliminé por tanto a los que había conocido gracias a mi vecino, dejándole sólo a él en el grupo de amigos del fútbol.

En el grupo de amigos de toda la vida (que en realidad lo son sólo desde hace unos 5 años, poco conservo de etapas anteriores) todos y cada uno de los componentes son imprescindibles.

Uno me da lo que el otro no es capaz, con uno puedo hablar de lo que no puedo hablar con el resto, para uno soy confesor, con el otro me basta y me sobra para corrernos una juerga de las que no se olvidan en meses...

Todos y cada uno de ellos son importantes, más bien vitales. Y sin embargo les conocí a todos ellos a raíz de un compañero de universidad. Él ya tenía su grupo de amigos hecho, al que yo me incorporé poco a poco.

Eliminé por tanto a todos los demás, y en mi mente quedó sólo un amigo de "toda la vida".

Hice lo mismo con cada uno de los grupos, que se vieron diezmados, y pensé en lo triste que sería mi vida si la situación fuese realmente así.

Básicamente, cogí mi árbol de la Amistad, le arranqué las bellas flores y los ricos frutos y empecé a podar ramas y más ramas. Lágrimas rodaron por mis mejillas al recordar que algún día esas ramas que ahora daban consistencia a mi árbol, no habían sido más que insignificantes brotes.

Seguí podando, todas las ramas secundarias, todas las que dependieran de otras ramas... Y fue muy triste...

Porque me quedé solo, tronco.