19/1/09

Una de mendigos

Voy a tratar de enfocar el tema con todo el tacto del mundo, porque se trata de algo delicado y no quiero ofender a nadie. Por nada del mundo quiero generalizar, voy a limitarme a narrar un caso puntual y verídico que presencié el pasado viernes cuando volvía a casa después del trabajo.

Viernes por la tarde (entre las siete y las ocho), a bordo de un tren de cercanías de dos pisos. En un punto del recorrido entra una mendiga (según la RAE, Persona que habitualmente pide limosna) en el vagón. Recorre la planta baja del tren sin decir ni palabra y desaparece por las escaleras del otro lado, junto a las que me encuentro.

Al cabo de un rato vuelve a entrar por donde la primera vez, pero esta vez va pidiendo mientras avanza por el pasillo:

- Por favor ... ¿Me pueden ayudar? ... ¿Me dan para un café? ... ¿Un bollo? ... ¿Pan? ...


En unos segundos recorre el pasillo y se planta a mi lado, sin que nadie le haya dado nada. Y sigue:

- ¿Unas galletas? ... ¿Dinero para leche? ... ¿Un zumo? ...


Una chica joven que está sentada frente a mí abre su bolso. A la mendiga se le iluminan los ojos. La joven saca del bolso una manzana roja y alarga el brazo hacia la mendiga. La mendiga vuelve la cara, y mirando de reojo a la chica susurra con desprecio:

- No tengo dientes.


Y vuelve a dirigirse al resto del vagón. La chica encoge el brazo, extrañada.

- Por favor ... ¿Una pieza de fruta? ... ¿Algo?


La joven de la manzana está confusa. ¿Puede ser que no le haya entendido bien? Vuelve a estirar el brazo, agitando la manzana delante de la mendiga. Esta vez ella le contesta en voz alta, con un tono casi agresivo:

- ¡No tengo dientes!


La chica se quedó alucinando. Lo mismo yo, e imagino que también el resto de pasajeros. Finalmente la mendiga volvió a subir las escaleras, con las manos vacías. Después de un rato sin reaccionar, la chica guardó de nuevo la manzana en su bolso. Seguía con los ojos como platos. En todo el vagón se levantó un rumor en torno a lo sucedido, ya que todos habían escuchado a la mendiga pedir una pieza de fruta casi al mismo tiempo que la rechazaba. Y ese tono de desprecio, esa agresividad hacia la persona que trata de ayudarte...



Relatados los hechos, y sin querer entrar mucho en valoraciones personales, creo que actitudes como ésta son muy perjudiciales, porque a lo mejor en otra ocasión alguien se lo piensa dos veces antes de ofrecer una limosna o algo de comida a un colectivo que sin duda lo necesita. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez con alguien al que le faltaban 80 céntimos para el billete de tren, y aceptaba dinero en efectivo pero se negaba a que tú les comprarás el billete? ¿O ese otro al que le faltan 30 céntimos para un bocadillo, y lo mismo? En fin, que no seré yo el que haga la distinción entre mendigos respetables y yonkis de mierda, Dios me libre.

3 comentarios:

Alteza dijo...

Desde luego.... ademas hay rutas especialmente propicias para eso... Ejemplo Aranjuez (via 5, Aranjuez via 5) o Parla (via 7, Parla via 7).

En fin, que a mi desde que me paso algo por el estilo ya no doy a nadie!!! Es una pena pero las cosas son asi, ya no sabes a quien darle asi que mejor no dar a nadie. Que se le va a hacer....

Carlos de la Cruz dijo...

A esa la conozco. Un día iba también cabreada y pidiendo dinero para comer, dormir, comprar comida, darse una ducha... y justo antes de cambiar de vagón dijo (un poco más bajito): "Un poco de dinero para comprar jabón y lavarme el coño". Tal cual...

Eso sí, también hubo un día que pasó un hombre diciendo que se ganaba la vida tocando la guitarra en el metro y que se le había roto. Necesitaba dinero para comprarse otra guitarra o arreglar la que tenía, y para demostrar que se dedicaba a ello mostraba la punta de sus dedos, que tenían el callo que se les pone a los que tocan la guitarra habitualmente. Fue la ocasión en la que vi a más gente dar dinero a alguien que iba pidiendo en el tren.

Pero vamos, que en el tren se ve de todo...

Zendir dijo...

Me hace gracia que la conozcas por lo poco que he contado de ella :)

A mí me fascina uno, más o menos joven, de pelo largo, que toca el violón en Nuevos Ministerios. A la hora que suelo pasar yo por ahí siempre está tocando el Canon de Pachelbel (he comprobado que si paso antes o después más otras cosas). Siempre aminoro el paso para poder escucharle un poquito más. Algún día debería echarle alguna moneda, aunque ese es de los que parece que no lo necesitan :S