¿Por qué dinero?¿Os imagináis al extraterreste que llega a la tierra y nos ve utilizar el dinero? "Ummmm, este hombre le da a aquél otro una pieza de oro macizo a cambio de unos cuantos trozos de papel..." "Vaya, estos dos se ponen ciegos de comida, y a cambio sólo les piden que garabateen una hojita de papel..." ¡De locos!
Volvamos unos miles de años más para atrás, cuando todo era más rudo, más primitivo... "Sí, sí, pero este hombre le da aquel queso y fruta y el otro le corresponde con un pedazo de carne, no con indigestos papelitos..." La idea básica del trueque consiste en obtener aquello que necesitas a cambio de aquello otro de que dispones, o incluso que te sobra, siendo ambas de aproximadamente el mismo valor. El extraterrestre vería mucho más normal lo de aquellos hombres primitivos, que lo del hombre actual, que se lleva a casa una tele de plasma, comida para un mes, juguetes para los niños... y lo único que le piden a cambio es que pase un rectángulo plastificado por una ranura.
"Jum... dinero... -piensa el extraterreste- que no tiene más valor que el que le quedamos dar... ¿Qué pasaría si algún día el dinero dejara de tener valor?" ¿Os imagináis? De repente, al llegar fin de mes, las empresas pagarían a sus empleados en especias (comida, ropa, electrodomésticos) y pagarían a su vez a las tiendas con artículos que les fueran útiles. La gente que más dinero tuviera ahorrado sería la que más perdería. Los bancos cerrarían. Al igual que muchas otras empresas, que dejarían de tener sentido...
Impensable, ¿verdad? Pues cambiemos el punto de vista y mirémoslo desde el otro lado. Volvamos al pasado, al punto en el que el trueque era la base del comercio, o cuando el dinero tenía un auténtico valor (oro, plata...) aunque esto también es cuestionable, por qué el oro o la plata no sirven de nada al que lo posee si no es porque el resto del mundo lo desea y de esta forma le dan valor.
Imagináos que volvemos a este punto, como digo, y que alguien de repente inventa el papel moneda: "Sí mira, tú dame tus 300 kilos de oro que yo a cambio te doy este cacho de papel de igual valor..." "Ah, venga, gracias, toma mi oro." ¿Os imagináis a este pobre hombre hasta que pudo colocarle el papelito a otro pringao? Pues tuvo que ser más o menos así, que cada uno colocaba papelitos de diferentes valores a los pringaos de turno, a cambio de recibir comida, ropas, todo tipo de objetos. Hasta que se convirtió en algo normal.
Debió llegar el día en el que hubiera tal carajal de papeles de todos los valores, que a alguien se le ocurrió poner un poco de orden en todo esto. Y se inventó el primer banco: "Mirad, dejaros de gilipolleces y darme vuestro oro, que yo a cambio os voy a dar unos papelitos la mar de monos, todos del mismo tamaño y del mismo color. Y bueno, si en vez de papelitos lo que queréis es oro, pues también os lo puedo dar, a cambio de un brutal interés."
Y volviendo al mundo moderno, ¿os imagináis cómo sería si en lugar de papel-moneda utilizáramos cualquier otra gilipollez como moneda de pago por todo? Por ejemplo, las uñas. Todo el mundo se las cortaría con más cuidado, sin dejar que salieran volando por los aires, y las guardaría con esmero en tarros herméticos, que llevaría siempre en el bolsillo para pagar las compras cotidianas: "Plátanos, 5 uñas/kg". Y los atracos serían en plan: "manos arriba, esto es una manicura". En fin, de locos.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.